Historia de la peña

Setenta y cinco años para la historia de un pueblo son apenas un suspiro. El mundo del flamenco ha vivido, sin embargo, durante este tiempo tal vez su etapa más esplendorosa. En estos últimos setenta y cinco años se ha dignificado un arte que venía de estar totalmente orillado por dirigismos culturales y por unas estéticas degradantes de opereta y sensiblerías decadentes, que más llevaban a considerar el flamenco como propio de un submundo analfabeto que como el arte más original, rico y diferenciador de nuestra cultura andaluza. No podemos olvidar los enormes esfuerzos del siglo XIX, la trascendencia que para el desarrollo del flamenco tuvieron en esa época los salones de baile en que se ofrecía flamenco y, fundamentalmente, los cafés cantantes y la labor de artistas que, con Silverio Franconetti a la cabeza, dieron forma definitiva a infinidad de cantes.

Es verdad también que, en 1922, un puñado de intelectuales había intentado dignificar el flamenco con la organización del Concurso de Granada, buscando en el pueblo aficionado —y no profesional— su autenticidad, sin llegar a captar del todo que la verdadera creación del arte flamenco se da, como en todas las artes, en aquellos hombres y mujeres que han hecho de su ejercicio una profesión; tal era lo que acontecía con Pastora, con Chacón, con Manuel Torre… Mas, con todo, aquel apreciado intento no llegó a tener continuidad hasta que, mediados de los cincuenta, se inició un nuevo movimiento reivindicador con el Concurso Nacional de Córdoba, en el que, en 1962, Antonio Mairena obtuvo la Llave de Oro del Cante. Desde ese momento, con el nacimiento y proliferación de los festivales y las peñas, juntamente con la aparición de una serie de obras discográficas impresionantes, (los archivos Hispavox, Vergara y un largo etcétera), además de la labor divulgadora internacional realizada por artistas como La Argentinita, su hermana Pilar López, Antonio Sabicas, Carmen Amaya…, es cuando el arte jondo adquiere una consideración internacional en el concierto universal de las artes.

nacimiento y primera andadura

Las peñas son una novedad en la segunda mitad del siglo XX. Ocupan todo el amplio espacio de los últimos 75 años, y se consolidan a finales de los sesenta o principios de los setenta. En Los Palacios surgió alrededor del brocal del pozo de la taberna de Juan El Duque, en la calle Rabadanes, donde un grupo de jóvenes, ávidos de cultura y comprometidos con la esencia de su pueblo, se reunió para intercambiar ideas, proyectos e ilusiones. Se hablaba de flamenco y se convocaban a su alrededor los aficionados que por aquellos años llenaban de cante el pueblo. La guitarra de Manuel Carmona, que había tocado a Manuel Torre y a Tomás Pavón, entre otros grandes del cante, era la compañera fiel de estos cantaores.

Fueron Curro Duque Currela, hijo de Juan, y Manuel Muñoz “Manolo El Gafas”, quienes tuvieron la idea de reunirse alrededor del pozo. Junto a ellos, Paco Cabrera, un joven inquieto y emprendedor, capitaneó un movimiento incipiente que dio forma a la primera Tertulia que nació en nuestro pueblo, El Pozo de las Penas, y, seguramente, con la Platería granadina, es pionera de Andalucía y, desde luego, del mundo. Y allí estaban también otros aficionados como José Parejo Chela, Miguel Roldán, Rafael González Palacios, Antonio Romero Romerito, Emilio Bejines… Desde entonces esta Tertulia viene siendo, sin solución de continuidad, el referente principal y casi único del flamenco en nuestro pueblo.

Con los años, su trayectoria se ha ido llenando de grandes acontecimientos, como el primer homenaje tributado en España a Antonio Mairena al conquistar la Llave de Oro del Cante, los nombramientos de Presidente de Honor al propio Mairena y posteriormente a Fosforito, o el de Madrina de Honor de la tertulia a Pastora Pavón Niña de los Peines, sustituida tras su muerte por la bailaora Matilde Coral; que han puesto a Los Palacios en un lugar de privilegio a la hora de su consideración como núcleo flamenco de singular importancia.

Los más grandes maestros del flamenco (Juan Talega —por aquella época siempre con Antonio, Tomás Torre…), Juan El Lebrijano, Camarón acompañando como guitarrista a Canela de San Roque, Curro Malena, Perrate, Fernanda y Bernarda, Enrique Orozco, Manolo Fregenal y un interminable número de artistas cuya sola mención se hace imposible reseñar) actuaron en la Tertulia, que tuvo diferentes ubicaciones: desde aquel rincón recoleto de Rabadanes, pasando por el número 12 de la actual calle Blas Infante, por el Rincón de los Lirios, por el propio soberao de la Calle Aurora 24, hasta la calle Real, y la acogida provisional de la casa de Juan Bodi, para terminar, ya en los años 90, en la actual casa, propiedad de la Tertulia, en el número 11 de la calle Cantarranas.

Primeras figuras contemporáneas de la guitarra, del baile y del cante han ido llenando de arte los escenarios de la tertulia, especialmente en sus últimos domicilios: Lebrijano, Pedro Bacán, Pepa Montes, Niño de Pura, José Luis Postigo, Chano Lobato, etc., vinculados a ella de un modo muy especial. A lo largo de los años, se han venido celebrando actividades ininterrumpidamente: semanas culturales, proyecciones, conferencias. encuentros, mesas redondas, presentaciones, actos de hermandad, día del socio, y un mínimo de dos recitales al mes. El Pozo de las Penas, en estos tres cuartos de siglo, siempre ha formado parte de los hitos renovadores que cada época ha aportado, con una vocación permanente de servicio al arte jondo y de compromiso con su defensa, su dignificación, promoción y el convencimiento de que el flamenco, como todas las artes, en un ser vivo en constante evolución.

abriendo caminos

La concepción que actualmente la sociedad tiene del hecho flamenco, nada o poco que ver, por fortuna, con el panorama del siglo XIX y los tres primeros cuartos del XX, ha cambiado radicalmente, ganando un prestigio intelectual definitivo, dentro y fuera de nuestras fronteras, y relacionándose, en un mismo plano de consideración, con las demás disciplinas artísticas que en el mundo son. En las últimas décadas, en las que el flamenco ha sufrido una auténtica revolución conceptual, nuestra Tertulia, situada siempre en la vanguardia del activismo flamenco, se ha mantenido expectante y comprometida de forma muy activa en el desarrollo de los acontecimientos que han ido marcando el devenir de esta expresión artística en todas sus facetas, no solamente la que corresponde, como es natural, al cante, baile y toque, sino también a la apertura que la manifestación flamenca ha tenido hacia otras disciplinas.

Uniéndose al movimiento de dignificación que había dado a luz pocos años antes los primeros festivales en Utrera, Mairena y Lebrija, la Tertulia Flamenca el Pozo de las Penas crea, en el año 1973, el Gran Festival de la Mistela, incorporándose a una revolución que habría de alumbrar una nueva edad dorada: La Edad de los Festivales Flamencos, donde brillaron las grandes figuras en las siguientes décadas.

En 1977 se crea la Federación Provincial de Entidades Flamencas de Sevilla, siendo nuestra Tertulia una de sus impulsoras, y Paco Cabrera, su primer presidente. 

En 1978, desde El Pozo de las Penas se elaboró y promovió un documento que pedía el consenso de todas las peñas federadas para, conjuntamente, organizar en Sevilla un congreso. El objetivo principal era crear un evento de referencia nacional que devolviera al flamenco sevillano el protagonismo y centralidad perdidos en los últimos tiempos. Es así como en 1979 se llevó a cabo en el Hotel Los Lebreros el VII Congreso de Organizadores de Actividades Flamencas, del que salió una comisión encargada de dirigirse al primer Ayuntamiento democrático, tras la Transición, para proponer la creación de la I Bienal de Arte Flamenco de Sevilla, que vio la luz en la primavera de 1980, bajo la organización de un patronato del que formaban parte tres insignes miembros de nuestra Tertulia: Paco Cabrera, Manolo Herrera, como secretario y José Luis Castillo, como tesorero.

Este mismo año se editó el n.º 0 de la revista Sevilla Flamenca, sufragada por la Federación, y que contó con la dirección, durante sus cien números, de Manuel Herrera, apoyado siempre por compañeros de la Tertulia.

También, en 1980, la Tertulia, como impulsora de los artistas locales, editó el disco Manantiales Flamencos del Pozo de las Penas, del que forman parte Juan Carmona El Distinguido, Niño de Orta, José Sánchez Itoly y Nene Escalera con la guitarra de José Cala El Poeta.

institución para la tercera edad

En 1981, junto a la peña hermana El Taranto de Almería, El Pozo de las Penas vuelve a dar un paso adelante en uno de sus objetivos fundacionales y preocupaciones más genuinas: la puesta en valor del patrimonio flamenco atesorado en la voz y la memoria de numerosos artistas venerables de la tercera edad que habían sido prácticamente olvidados, empobrecidos hasta vivir en la marginalidad social y artística, a causa de la ignorancia del mundo cultural y de la dejadez de los organismos públicos. Nació así la Institución para la Tercera Edad de los Artistas Flamencos, ITEAF, una asociación asistencial para ayudar al sustento económico de estos grandes artistas que no contaban con amparo institucional ni sanitario. 

Al mismo tiempo, se trabajó su incorporación al sistema general de la Seguridad Social. Este esfuerzo dio su fruto después de una larga década, debido a la incomprensión y lentitud de las administraciones públicas, pero en el camino se disfrutaron importantes logros colaterales, la vuelta de estos artistas a los escenarios, la grabación de discos antológicos, la organización de festivales a beneficio de ellos, lo que supuso para esta honorable generación, además de una forma de ganarse el sustento, un reconocimiento de su magisterio.

Ya en la década de los 90 del pasado siglo, en 1996 concretamente, se organiza el 24 Congreso de Flamenco en el que nuestra institución volvió a tener un protagonismo decisivo. Dirigido por Manuel Herrera, actuaron de secretario y tesorero José María Sousa y José María Mauriño, respectivamente, que ejercían esos mismos cargos en la Tertulia en aquellos momentos. La temática versó sobre la estética del flamenco en el cante, baile y toque. Se elaboraron interesantes ponencias y mesas redondas protagonizadas por intelectuales de primera fila. Participaron artistas que eran figuras señeras del cante, baile y toque: Calixto Sánchez, Matilde Coral, Mario Maya, Pedro Peña, y una larga nómina de intelectuales como Ramón María Serrera, José María Gallardo, Romualdo Molina, Antonio García Barbeito, Francisco José Cruz, Rafael Montesinos.  

Fue de especial relevancia en este congreso la incorporación de la Universidad de Sevilla que participó con 25 estudiantes becados, lo que supuso una verdadera renovación generacional en el estudio de flamencos posteriores.

En 2002, con un panorama social y artístico absolutamente transformado, se adaptó la programación del Festival de La Mistela a los nuevos intereses de los creadores. Con el recién inaugurado Teatro Municipal Pedro Pérez Fernández, se puso en marcha un nuevo modelo de festival, desplegado en varias jornadas, donde se dan cita distintas expresiones artísticas, disponiendo del flamante recinto escénico, capaz de albergar las propuestas escenográficas más complejas, que las nuevas compañías ya demandaban. De esta manera se pretendía integrar la cultura palaciega a los movimientos del momento. Así, el tradicional concurso de La Venencia pasó a convertirse en un galardón para distinguir a una figura emergente, menor de 30 años, alternando, en cada edición, el toque, el baile y el cante. El premio consiste en promocionar al galardonado y sufragar los gastos de producción de su espectáculo, estrenado dentro de la programación del Festival.

Este largo y fructuoso recorrido obtuvo su reconocimiento institucional cuando en el año 2021 la Junta de Andalucía le otorgó la Bandera de las Artes de Andalucía, siendo la única Tertulia Flamenca que ostenta esta distinción. 

agradecimientos

Pasados tres cuartos de siglo, es de obligado cumplimiento agradecer a todos los socios, los que son y los que fueron, su lealtad e imprescindible sustento, y a todas las directivas que se han sucedido en estos años, presididas respectivamente por Paco Cabrera, Juan Bodi y Enrique Duque, por haber trabajado incondicional y desinteresadamente, habiendo mantenido fresca y limpia el agua de este Pozo. 

Y queremos celebrarlo con todo nuestro pueblo, y con todos los aficionados de todas las regiones del orbe. Y, muy en especial, con las peñas flamencas y entidades que han compartido a lo largo y a lo ancho del tiempo y de las geografías este objetivo común, con la certeza de que nuestro Pozo seguirá manando sin olvidar nunca su razón de ser. 

¡A por los próximos 75!

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